Entre montaña, mar y Oviedo

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“Un plan que no puedes rechazar”

Antes de llegar a Oviedo, Asturias te da la bienvenida con paisajes como el que veis en la foto. De esta forma, ¿quién no se iba a enamorar a primera vista? Sin embargo aunque Oviedo es una ciudad con mucho encanto, siempre que viajamos a sus tierras acabamos visitando otros sitios cercanos que a parte de tener hermosas vistas, te sorprenden por el color de sus edificios, calles e incluso el olor a sal en sus playas o el sonido silencioso de los árboles en sus montañas, y la buena gastronomía que tienen siempre buena fama de ello.

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“Luanco”

La segunda vez que pisé tierra asturiana, uno de los lugares que más recuerdo es “Luanco”. Un pequeño pueblecito situado en la costa, el cual te da la bienvenida con imágenes como la que muestro más arriba. Si el tiempo acompaña, irradia una luz blanquecina mezclada con colores azules intenso de algunas de sus casas, y puedes disfrutar de largos paseos cerca del mar admirando el enorme océano que se expande ante él. Llama la atención la  iglesia Parroquial de Santa María, además si deseas tomar unos buenos calamares frescos, y parrochas  acompañados de sidra natural, no olvidéis una visita a “La Rula”un curioso restaurante de dos plantas caracterizado por el color azul de sus paredes o la escalera de piedra que te lleva al piso superior. Para nosotros es uno de los lugares estrella. A la hora de tomar café, en esta ocasión, gracias a nuestros amigos, descubrimos un pequeño bar con mucho encanto llamado “Tino´s” donde puedes tomarte un café sentado en sus mullidos sillones o disfrutar de una buena copa en su terraza admirando el mar.

“Cabo Peñas”

Hay una canción de Mecano que se llama: “Naturaleza muerta”, la cual siempre que la escucho me recuerda a “EL MAR” en mayúsculas. Supongo que por eso al ver las vistas desde “Cabo Peñas”, me recordó en parte a ese tema y a la sensación de la inmensidad del océano, su fuerza y su lado más oscuro. Incluso yendo un día donde el mar no estuviera picado, las olas te demuestran su furia chocando contra las piedras una y otra vez. Un lugar precioso con cierto aire medieval y a la vez celta, donde una vez más te demuestra que la realidad muchas veces supera a la ficción, como en esta ocasión.

“Espinareu”

Existen las ciudades grandiosas, los pueblos conocidos por las películas que se graban en ella, y luego están las pequeñas aldeas conocidas por muy pocos pero famosas por muchas otras razones… Como “Espinareu”, la localidad con más Hórreos, unos 20 en total,  situada en el concejo de Piloña. Al pasear entre sus calles te transporta a otra época, donde el hombre convivía casi en perfecta armonía con la naturaleza. Si deseas entrar en calor, puedes tomarte un café o un caldo en “Mesón Vizcares”, donde podrás comprar llaveros, imanes u Hórreos en miniatura totalmente realizados a manos con un gran acabado.

“La virgen de la cueva, Infiesto”

Quién no ha cantado mas de una y dos veces esa canción que dice: “que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que caiga un chaparrón con azúcar y turrón”. Por mi parte decir, que lo he cantado mas de mil veces durante mi infancia, pero jamás pensé que realmente existiera esa virgen. Pero mira como es el destino, que uno de nuestros buenos amigos me dijera: “voy a llevarte a un lugar donde te vas a hinchar a hacer fotos”, y así fue. “La virgen de la cueva” se encuentra en un lugar apartado, situado al otro lado del río por donde solamente se puede llegar a través de un pequeño puente. Cuesta pensar que en un lugar así se construyera hace tiempo esta pequeña iglesia al aire libre, donde según me contaron, cada año unas cuantas parejas deciden dar el paso de casarse en ese idílico lugar. Pero la sorpresa no acaba aquí, al cruzar la pequeña cueva puedes seguir el camino a través de otra verja, donde te lleva a un sendero por el que pasear rodeado de árboles y de naturaleza. Sin duda alguna, uno de los sitios más mágicos que he conocido.

Aquí acaba el viaje de hoy, pero nada de esto podría haberlo contado sino fuera por nuestros buenos amigos “elipeños ovetenses”  que siempre nos hacen disfrutar de su buena compañía y a la vez consiguen que cada vez que vamos a visitarles allí, nos sorprendan con nuevos y preciosos lugares como el que he descrito en los párrafos anteriores. Muchas gracias por todo chicos!! Espero que os haya gustado, nos leemos próximamente…

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